Nuestro carisma es la configuración con Cristo Víctima, que por amor se ofrece al Padre, nos une a su obra redentora y nos envía a evangelizar a los más pobres y abandonados.

En lo cotidiano ofrecemos nuestra vida a Dios en reparación de los pecados y salvación de la humanidad y estamos dispuestas a ser enviadas "como nuevos y generosos apóstoles".

Nuestra espiritualidad nos invita a vivir en confianza y abandono total a la voluntad del Padre, para realizar la misión evangelizadora entre nuestros hermanos más necesitados para la Gloria de Dios. (Cfr. Constituciones 2-3).