La infinita misericordia de Dios siempre ha sido la roca única donde asienta su base la historia de todas las órdenes y congregaciones religiosas, ya que a cada una, el Señor le señala una misión especial sobre la tierra para su mayor Gloria y bien de las personas, y responde a una necesidad especial de su época.

Así fue como Monseñor José Juan de Jesús Herrera y Piña y Sor Angelina Rusconi fueron inspirados por Dios para fundar esta Congregación que realizará su labor en la Iglesia por medio de misiones, para llegar a aquellos lugares donde el sacerdote nunca o solo por rareza llega y que enseñara al pueblo de Dios su Palabra y los prepararan para recibir los sacramentos.

Nuestros fundadores 

El instituto de las Misioneras Catequistas de los Pobres nació en la Iglesia para la gloria de Dios, por inspiración divina a Monseñor José Juan de Jesús Herrera y Piña, V Arzobispo de Monterrey, Nuevo León, México, hombre de carácter, comprometido con su momento histórico, de gran humildad y rectitud, que vivió en total abandono a la voluntad de Dios. Esta inspiración fue dada también a Sor Angelina Rusconi Rolleri, religiosa de la Congregación Hijas de María Auxiliadora, de profunda vida interior, caridad exquisita, celo apostólico, sencilla y alegre.

En medio de grandes dificultades, pero también de grandes esperanzas, impulsados y sostenidos por la fuerza del Espíritu Santo, lucharon heroicamente por la fundación de este Instituto, en el que sus miembros fueran “al mismo tiempo que víctimas de expiación con Jesucristo por los pecados de todos los hombres, apóstoles dispuestos a aceptar privaciones e inmolaciones, con tal de ir en busca de los hermanos más abandonados, por la falta del ministerio sacerdotal”. 

Cuándo y dónde nació

La fundación tuvo su origen en la Cd. de Monterrey, Nuevo León, México, el 21 de abril de 1926, según permiso N. 6910/23 dada en Roma por la Sagrada Congregación de Religiosos el 10 de enero de 1925.

Fue aprobada en Roma como congregación de Derecho Diocesano el 21 de abril de 1951 y pasó a ser de Derecho Pontificio con Decreto de alabanza el 22 de octubre de 1964.

Situación donde se da nuestra fundación 

El contexto en que nació nuestro Instituto fue la intensa persecución religiosa en México, con todas sus graves consecuencias de injusticias, martirios, profanaciones, prohibición del culto y demás formas de opresión, así como la apremiante necesidad de Evangelización y Catequesis.

En las crónicas de nuestra congregación las primeras hermanas narran la persecución de la siguiente manera: “La persecución religiosa ya de por sí encarnizada, pues día a día se oían contar las diversas violencias del Gobierno en contra de los cristianos, se recrudeció en este tiempo. Se empezó a temer más por la vida de los sacerdotes, quienes por librarse de las injusticias y de los atentados del Gobierno, tuvieron que esconderse algunos, y otros salir fuera del territorio mexicano sobre todos los sacerdotes de nacionalidad extranjera… igual sobresalto sufrieron las reverendas madres, quienes temerosas de todo, empezaron a restringir  sus ya de por sí escasas relaciones… esto debido a las noticias de arrestos y fusilamiento de sacerdotes, cateo de residencias denunciadas como lugares donde se celebraba la Santa Misa y se administraban los sacramentos”.

A pesar del gran temor por la persecución religiosa “se dice que el actual gobierno no dejará descansar a los católicos, hasta acabar con ellos. Pero Dios no les dará licencia” (crónica), las hermanas hacen su primera misión en la comunidad de los Urdiales, Nuevo León, perteneciente a la Parroquia de la Purísima Concepción en la Ciudad de Monterrey. Lo narran de la siguiente manera: “Esta misión solo pudo trabajarse sábados y domingos, yendo en la mañana y volviendo en la tarde a la casa. Atendiendo el gran deseo que despertó en la gente de seguir instruyéndose en nuestra santa religión y tener destinado para alabar a Dios nuestro Señor, se consiguió una pieza independiente, que al cuidado de una de las señoras quedó convertida en capilla … quedó establecido el rezo del rosario todos los días a cargo de las señoras y la doctrina para los niños, todos los domingos”.

 A esta misión le siguieron muchas más. En las crónicas aparece una alabanza a estas primeras hermanas que, animadas por el Espíritu Santo, primerearon en la misión, pues en esos tiempos no existían en México congregaciones femeninas que realizaran esta tarea de evangelización y catequesis en los lugares más alejados.  “Los triunfos espirituales obrados en las almas, la abnegación, actividad y celo desplegados por aquellas primeras misioneras, abrieron brecha a otras misiones, que sin cesar eran pedidas tanto por sacerdotes como por laicos…. ¡Honor a aquellas primeras misioneras que con celo y abnegación pusieron los cimientos a la Magna obra de las misiones en nuestro Instituto!”


Dando respuesta misionera

Las formas de realizar la misión ha cambiado durante estos 100 años de vida de nuestro Instituto, la celebración del Concilio Vaticano II abrió las ventanas de la Iglesia y nuestra congregación participó de los sueños y esperanzas que se vivieron, se renovaron las estructuras, nos preparamos con mayor conciencia para realizar esta misión de una manera nueva, las hermanas que estuvieron como superioras generales buscaron los medios para responder a lo que la Iglesia nos pedía, formamos equipo con Instituciones como CENAMI y otras instancias, dando respuesta a las búsquedas de la Iglesia en México. En los últimos 50 años, Dios nos ha permitido dar nuestro aporte a la catequesis nacional colaborando activamente en los equipos de la Dimensión Diocesana de Catequesis en las diócesis de Texcoco, Edo. de México; Celaya, Guanajuato, y en la actualidad aún tenemos presencia en las Arquidiócesis de Monterrey y Tlalnepantla. Lo más fuerte de nuestra labor evangelizadora la realizamos en las parroquias, colaborando con los párrocos en la formación de laicos comprometidos en la pastoral, capacitándolos y animándolos en su servicio. 


Vivimos lo que dijo Jesús cuando Pedro va a buscarlo porque lo buscan para continuar curando a las gentes de Cafarnaúm “Vamos a otros pueblos para anunciar también allá el Reino de Dios” (Mc. 1, 36-38) realizando así nuestro ser misionero. Vivimos insertas en los pueblos y comunidades anunciando el Reino y colaborando en transformar la vida de las personas y ambientes. Cuando vemos conveniente, con un adecuado discernimiento, vamos a otro pueblo. Con espíritu misionero hemos estado, en diferente tiempo, en casi todos los pueblos de diócesis como: Nuevo León, Oaxaca, Durango, Hidalgo, los Tuxtlas Veracruz, Texas y en misiones esporádicas casi en toda la república mexicana. Los retos de la Iglesia son también nuestros retos, estamos en continua búsqueda para dar respuesta a las nuevas realidades.

Para conocer nuestros apostolados actuales, ve a la pestaña Misión.

https://www.misionerascatequistasdelospobres.org/apostolado

Corazón sagrado con llama y cruz en la parte superior, rodeado de rayos de luz, sobre una imagen del planeta Tierra, con el texto 'La gloria de Dios' debajo.
Hombre con traje en un entorno natural, rodeado de árboles y madera apilada.
Grupo de religiosas vestidas con hábito negro y velo, posando para una fotografía, con dos religiosas en el primer plano sosteniendo un marco o cartel.
Dos monjas montando caballos en un paisaje rural con colinas y árboles.
Cinco monjas bajando de un muelle hacia el agua, con barcos en el puerto de fondo, en una fotografía en blanco y negro.
Dos monjas están hablando con una mujer enferma en una cama en un entorno hospitalario, una de las monjas está tomando notas.